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Los habitantes de la Unión Europea producimos más de 2.500 millones de toneladas de residuos al año. Si seguimos explotando los recursos como lo hacemos ahora, en 2050 necesitaremos tres planetas Tierra para mantener el ritmo de consumo -según cifras del International Resource Panel-.

La llamada Economía Circular, resumida en el eslogan de las tres r. Reducir, Reciclar, Reutilizar, se plantea así como un modelo de producción y consumo necesario que implica compartir, alquilar, reparar y renovar materiales y productos existentes todas las veces que sea posible para crear un valor añadido y extender su ciclo de vida. Entre otras razones, porque la materia prima es finita, los recursos, algunos de ellos cruciales para la supervivencia, son escasos y, sin embargo, la demanda no para de crecer.

Las ventajas de un cambio de modelo, según palabras del propio parlamento Europeo, que aspira a implantar una Economía Circular en la UE allá por 2050, son infinitas: “Reducir la presión sobre el medio ambiente, mejorar la seguridad de suministro de materias primas y estimular la competitividad, la innovación, el crecimiento económico (un 0,5% adicional del PIB) y el empleo (se crearían unos 700.000 trabajos solo en la UE de cara a 2030)”. También para el consumidor, premiado con productos mas duraderos e innovadores y, a largo plazo, más baratos. Baste un ejemplo: si los teléfonos móviles fuesen mas fáciles de desmontar, el coste de su fabricación podría reducirse a la mitad.